Estudio “Formación de competencias en Chile” se presentó ante Consejo Superior Laboral


Martes, 22 noviembre 2022.

Chile necesita buenos técnicos, pero el sistema vigente imposibilita que existan en la  cantidad y calidad que se requieren para satisfacer las necesidades actuales y futuras del país. Así lo confirmó estudio “Estrategia y plan de acción para el desarrollo de competencias y habilidades en el mundo del trabajo” (2018), que esta semana presentaron en el Consejo Superior Laboral, el presidente y secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP), Raphael Bergoeing, y Rodrigo Krell, respectivamente.

Cabe precisar que el Consejo Superior Laboral es una instancia consultiva de carácter tripartito, en la que participan el Estado, los trabajadores, a través de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), y los empleadores, representados por la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC). Su misión es la de colaborar en la formulación de propuestas y recomendaciones de políticas públicas destinadas a fortalecer y promover el diálogo social y una cultura de relaciones laborales justas, modernas y colaborativas en el país.

En la oportunidad, Rapahel Bergoeing, precisó que si bien el estudio se realizó en el 2018, el diagnóstico y análisis aún tienen vigencia para la realidad que enfrenta el país.

Explicó que “evaluaciones internacionales—como la prueba PISA (2015)—arrojan que un 49% de los estudiantes de enseñanza media no alcanza las competencias mínimas en matemáticas, y un 35% está igualmente deficiente en ciencias. Sobre el 60% de los adultos apenas puede desarrollar tareas sencillas como contar, identificar representaciones gráficas, y calcular un vuelto”, señaló.

En cuanto a competencias tecnológicas, un tercio no pudo rendir la evaluación debido a las deficiencias para manejar un computador, navegar por internet, o porque decidieron rendir la versión en papel. “De ahí que exista alto riesgo de que las competencias tecnológicas actuales caigan en obsolescencia en el corto plazo”, afirmó.

Por su parte, Rodrigo Krell, advirtió que la estructura actual de formación no es capaz de anticipar los requerimientos futuros en términos de competencias. “Se estima que un 61% de los trabajadores se emplea en ocupaciones con riesgo de ser automatizadas y un 24% en empleos con alto riesgo de ser afectados por el cambio tecnológico”, afirmó.

Señaló además que en el ámbito de la capacitación existen muchos problemas, pero dos sobresalen: “en primer lugar, 2/3 de los capacitados lo hacen a través de la Franquicia Tributaria (hoy Programa Impulsa Personas) del SENCE, cuyos programas de capacitación duran menos de 40 horas, con 21 en promedio. “Es ínfimo el impacto esperado en salario o empleabilidad que puede esperarse de un programa de apenas 21 horas de formación, y no es de extrañar que las evaluaciones del programa sean negativas”, advirtió.

Explicó que no existen mecanismos de medición del aprendizaje, ni en certificación de competencias, ni en mayor salario o empleabilidad.

De acuerdo al análisis de la investigación, Rapahel Bergoing advirtió  que no hay un sistema de formación técnica profesional “si no una serie de sub-sistemas que conversan poco entre sí.

Los análisis muestran que la educación media no representa un nivel terminal de educación, y que muchos de los jóvenes que finalizan la educación media optan por dar continuidad a sus estudios. En particular, las trayectorias formativo-laborales de los estudiantes técnico profesionales, difieren de manera importante de las de los graduados científico-humanista, pues los primeros ingresan más rápidamente al mercado laboral, son más propensos a buscar carreras en horarios vespertinos, y optan en menor medida por carreras universitarias. Esta brecha sigue activa al menos hasta 9 años después de graduarse.

Cabe precisar que el estudio presenta  recomendaciones estructurales, enfocadas en reformas sistémicas a la educación técnico profesional; y recomendaciones funcionales que detallan las acciones necesarias para fortalecer las cuatro funciones críticas que debe satisfacer el sistema a desarrollar.

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